He ido marcando

He ido marcando los días desde que te fuiste.

Los primeros, por curiosidad, de saber cuánto tardarías.

Los segundos, por inercia, los últimos, por agonía.

Pasan los segundos de los minutos de los días, de tu desamparo, de tu cobardía.

Pasan las eternidades, la rabia, la desolación, la loca, la nueva, la fatiga.

Eres la burla de mí existir, la pesadilla y la sátira de lo que fui.

Eres la obstinación que me consume.

Regresa porque tengo de tizne las manos, de amargo los pensamientos y de muerto el cuerpo.

Regresa, porque ya no me encuentro cuando me miro en el espejo.

¿Cómo saben tus mejillas? ¿Cuántas arrugas llevan, y de qué lado tienes más?

Delirantes mis recuerdos, cada vez por cierto menos y cada vez menos certeros, es entonces cuando creo que te he inventado por completo.

Sacrilegio es todo el tiempo que dedico en tu recuerdo.

Las noches de las cosas rotas.

Risotadas que se estampan, funden, quiebran, cuando finjo ser feliz.

Vuelan sobre mi cabeza , las cosas rotas del pasado, disfrazadas de fantasmas, cosas rotas que deambulan, cosas culpas, cosas de preguntas, cosas que añoro, cosas blancas, cosas negras.

Otro día más, que no estoy segura si yo marco en el calendario o él me absorbe todo el ser.

La furia esta, que me nace en las entrañas y que trato de exhumar, escribo por las noches, escribo sin parar.

Me reveló cada día que no te tengo, ya no importa, pero vuelve por piedad.

Gris

Intenté llenar ese vacío de tu vida sin sentido y sin fervor.

De tu ser gris.

De tu rabia.

De tu desamor.

Trate de rescatar el instante bueno que aparece y de inmediato has de destruir.

En que momento decidiste ser tan infeliz? Porque no puedes amar?

Y ahí, en tu negrura, un mañana de colores me puse a dibujar.

Tu tan ciego. Las maravillas que a mis ojos embriagaban y que no te pude compartir.

Quise mitigar la furia de las culpas por lo que perdiste y la verguenza por las batallas que escogiste no luchar.

Los amores que no pudiste amar.

Al camino perdido, no podras volver, el tiempo implacable y la borrasca lo ha cubierto para bien.

Del tiro de gracia, tengo la bala en mi corazón tal y cuál un noble perdedor.

Besos malévolos de piedad y desamor.

Lo tienes todo y nada. Te deshiciste de lo único que importaba.

Las noches de las cosas rotas

Sigilosas, enviciadas llegan prontas por la noche.

El montón de cosas rotas que deambulan por el techo, suben, bajan, bailan rueda sobre mí.

Se buscan y se enfrentan, en batalla de armaduras o de puños.

Yo quisiera que se fueran y poder dormir en paz.

Mis amores ofendidos, mis abandonados, mis egos, los tiempos en vano, lo callado y lo que no supe contener, eso, principalmente.

Malosas, verdugos, cascajos del pasado, de rojo y de blanco, amargas y con sal.

Entre ellas se pelean, ¿Cuál importa? ¿Cuál? Ya no.

Siempre vuelven y siempre huyen muy temprano con el sol.

Las cosas rotas del pasado, que compongo en mi cabeza.

Tramposas, mis tormentos, mis fantasmas. A veces quedamos en paz, tranquila me acuesto pensando… ya no más.

Duelo de amor.

Piso, sueno los tacones, brinco los charcos y descubro cada uno de mis pies, uno se adelanta al otro y los dos quieren ganar.

Al rededor todo se detiene de repente.

Llevo la cabellera larga, un escote sin recato, una risa de pecado y un descaro sin su dueño.

Y con mis ojos en bel canto, la codicia de mujer, te llamo, te invito, a la fiesta del amor.

No habrá tregua es un duelo hasta el final. Tú me tomas, yo te sigo, vivo es este sueño.

Y, por un momento… Los límites se desvanecieron en tenues líneas que se pierden sin pudor.

Sesgados los cuerpos de los contendientes, amantes por ahora, hace minutos, extraños entre sí.

Fieras que se devoran. ¿Qué es lo mío o lo tuyo? No se sabe donde empiezo o donde acabo.

No podrás librarte del anhelo de la hartura del manjar que yo te di.

Enredo delirante, la borrasca de un espacio sin control.

Besos de bruja, cadencias, ceños y muecas, enredos sin desenredar.

¿Y quién sabe si podremos gobernarnos? O vivir cuales presos de un fervor.

Y quien sabe a cuantos otros dañaremos con excusas eternamente sin perdón.

Herida de muerte, te miro y me rio, me duermo pensando: “Seguro que no regreso jamás”.

Con la culpa encima

Hoy te vas

Te vas con prisa y la culpa encima.

Te vas, porque no cabes en mi, gigante.

Mas no te olvides, fuí yo quién te creció dentro de mi.

Y te vas con mis manos que se arrancan, piel y carne que no pudieron separarse.

Con la vida que soñé.

El veneno de tus besos aún me enferma por las noches. Esas que un día entre gemidos y vaivén te dediqué.

Yo te hice a ti, gigante.

Mío, por completo cuando entre mis muslos te saciaste tantas veces.

Animal salvaje que se aleja mal herido del amor. Que hiciste de todo lo que dí?

¿Cómo vives con mis risas que te siguen?

Con la culpa.

llévate las manos, la piel y carne de tu amante, gigante.

Yo, lo recupero todo, mis  manos, mi piel y mi carne, mi tiempo y mi alegría, nunca lo dudes, llévate entonces también la culpa.

Así crezco yo, así me hago mujer, con mis manos y mis carnes nuevas, y mis sueños frescos que me deja cada adiós.

Adriana Guerrero

Puebla, Pue. Octubre 11 de 2018

 

Tyronmex

Luis y Elvira Zarate (mi Viejo y mi Vito)

Tyronmex y Vito

Mi abuelo tenía las manos martirizadas, fueron muchos los años de batalla contra la masa que da la última pelea antes de llegar al horno que la convertirá en cualquier variedad de deliciosos bizcochitos mexicanos, todo depende de que tan buena haya sido en su vida pasada,  las posibilidades son muchas,  desde unos míseros bigotes, pasando por los cubiletes y las campechanas hasta finalmente si el mérito es tal… su majestad…La Concha.

Sí, mi abuelo tenía las manos martirizadas y un poquito el alma, la de un niño que quedó huérfano de padre desde muy pequeño y tuvo que dejar la primaria para entrar al amasijo de la panadería de su tío y así poder llevar la carga de una madre  y una hermana, compartida entre los hombros junto con el cesto gigante de pan fresco tambaleando sobre su cabeza todas las tardes.

Fue así un día sin importancia que conoció a la rubia con cachetes de polvorones cachispeados de colores y boquita de manzana caramelizada, la señorita Elvira Flores que nomas  bastó verlo para que se propusiera como de vida o muerte conquistar el amor de quien según ella,  era la versión de Tyrone Powel en mexicano y por supuesto mejorado.  De ahí que mi personaje se llame Tyronmex.

La señorita que por su parte venía de pasar los primeros años de su vida al cuidado de las monjitas, no paró hasta conquistar por completo al artista de cine de sus sueños.

Durante sus años  de claustro,  había desarrollado la rebeldía necesaria para contradecir a su familia y otras raras manías como las de bañarse con el agua helada, que por cierto,  sin saberlo,  le mantuvo el pellejo bien pegadito al hueso. El encierro con las monjas le marcó un indescriptible afán por vivir la vida, siempre con alegría, agradeciendo cada segundo que no tendría que pasar más en el convento y que contagiaba a todos aquellos que se la topaban más o menos como los zombis que muerden a los buenos en las películas.

La rubia empecinada se las arreglaba como fuera para con el pretexto de visitar a su amiga Aurorita, llegar al estanquillo de la esquina, justo al momento de la llegada triunfante del equilibrista! y con una mirada de dos puños de piedad y ocho de codicia, atrapó de una, sin dejar siquiera que la levadura haga lo suyo, el corazón y el todo del joven Luis Zárate  (su viejo) y para nosotros en adelante Tyronmex.

Mi abuela se llamaba Vito (al menos para mí y creo que para ella también) Es la figura más cálida y alegre de mis primeros años. Como quisiera verla de nuevo, y a mi viejo también, para apretarle las mejillas coloreadas y pedirle de nuevo el cuento de almendrita.

Tyronmex
Tyronmex

Puntuación: 1 de 5.
Escucha la historia de Tyronmex y Vito.

Toma mis enredos

 

Tus manos son a tus palabras lo que mis ojos a mi sentir.

Toma entre tus manos mi sentir, y perfila mis labios con sus dedos .

Toma mis enredos, mis lagrimas del pasado y con la fuerza de tu amor desmorona uno a uno, hasta que la luz de un milagroso fervor resurja de mi ser dormido.

Solo entre tus manos puedo ser feliz.

Arrastra con ellas de mis pechos el ansia que me consume y deja que yo sonría como al despertar de un letargo, o de la bruma que un mal tiempo levantó.

Mis ojos me los quedo. Son testigos del milagro.

No digas nada, recuerda que tus manos hablan las cosas del amor y mis ojos cuanto te quiero.

Adriana Guerrero