La lluvia y los gritones. Desde mi ventana

Hoy, desde mi ventana, recibo las micro gotas que se estrellaron en el marco superior y se rompieron, formando un rocío que no me alcanza a mojar, pero me refresca y si cierro los ojos puedo imaginar estar afuera, en mi mundo de antes, quizá corriendo para refugiarme en los portales del centro de mi bellísima Puebla.

Tan solo eso, caminar por los portales y chacharear en los puestos de colores atiborrados de artesanías mexicanas, con un café en la mano.

Sueño con las cosas simples, que eran normales y hoy sería maravilloso volver a hacer.

Quiero mi mundo de antes de regreso!

El cielo truena sin dar tregua, como si el mismo trueno se repitiera una y otra vez.

Me angustia la idea de que el tiempo se hubiese quedado trabado, recuerdan los discos rayados de antes? en lapsos de medio minuto, una y otra vez, o mi mente, desgastada, en cortocircuito pensando tonterías.

Me pregunto; cuántas personas más, diran lo mismo; “ojalá que esta lluvia sea lo suficientemente fuerte como para limpiar las calles, barandales y manijas del virus endemoniado y llevárselo por las alcantarillas para nunca volver”.

Por supuesto, que no voy a mencionar la cursilería de “que nos limpie de pecado a los humanos, y así conseguir el perdón”. Esto que está pasando no es un castigo, no de mi Dios, además el pecado es parte sustancial del bien, como la teoría de la dualidad nos dice.

Hay días en que apenas despierto, ya se está terminando. Otros días, son eternos, pero todos iguales, solo unos mas cortos que otros.


Los pregoneros que mantienen las calles con vida en estos tiempos del covid 19

Muchos de nosotros, no pueden darse el lujo de quedarse en casa y con valentía, resignación, y mucha necesidad, caminan con sus cuerpos encorvados, la expresión rígida y la mirada ida hacia los lados y arriba atentos ansiando una respuesta. Aún así, sacan la fuerza de no sé dónde, para gritar sus pregones a los cuatro vientos.

Los gritones de los tiempos del covid, son el ejemplo más valioso de resilencia humana y del espíritu invencible de este pueblo milenario. Aquí algunos de ellos;

El afilador

El carrito de los helados

El camotero

El Gas

El Tamalero

Al final de la jornada, cuando el cielo entra en arrebol, ya tarde, en la retirada, sus carritos están a punto de empujarlos a ellos. Recuerdan a ” los galardonados”? Bueno pues aquí están de nuevo, “cosas que por su empatía y mimetismo se han ganado pequeñas almas y son parte de los seres que acompañan”.

Yo miro la escena con compasión. Y en clara epifanía, reconozco lo superfluo de tantas cosas a mi alrededor.

Las cosas que nos importan, no existen para ellos.

Que puede ser importante cuando recorres las calles bajo el sol, bajo la lluvia por horas esculcando las bolsas de basura y te encuclillas donde las piernas se te doblaron y no dieron más?

Las tripas después de un tiempo dejan de protestar.

Qué van a saber los gritones del número de contagios, gráficas y de curvas planas? Es el día a día, uno a la vez, lo único que les importa.

los hombres y mujeres del día a día que gritan anunciando sus productos, a veces se sobreponen y entrecruzan unos contra otros en una competencia de gritos por la supervivencia que conforman el carácter tan singular de esta ciudad de contrastes y ferocidad.

Si no fuera por ellos, este tiempo y la escena desde mi ventana sería desolación y desesperanza.

Así las cosas en los tiempos del covid, desde mi ventana mirando la lluvia y pensando en los gritones que anuncian sus productos y la llegada de un mañana.

Puntuación: 5 de 5.

La espera. Desde mi ventana.

Hoy, como todas las noches, abrí mi ventana y saqué la cara para recibir el viento fresco, esta vez quería asegurarme que aún está ahí.

Han cambiado tantas cosas que las tonteras y los miedos en ocasiones nos asaltan.

Volviendo al viento; ahí estaba, un viento plácido y prudente, no como en días pasados. Guardo silencio hasta contener la respiración, tratando de interpretarlo, quizá me pueda decir algo que los humanos no sabemos. Así como trato de comprender las aberraciones de este tiempo.

Grupos anarquistas en el mundo salen a las calles en medio de esta pandemia a pedir “justicia e igualdad”, a raíz del asesinato brutal de un joven negro americano en manos de un policía quien ya fue detenido y enfrenta cargos por homicidio junto con sus colegas en la escena, no obstante, los protestantes están vandalizando comercios, casas, edificios, joyerías, etc. Es muy triste ver esta decadencia. Los políticos y autoridades lo permiten para no echarse encima al electorado. El orden y estado de derecho ya no existe, todo son intereses y conveniencias políticas.

Ayer no escribí nada, ha sido el día más difícil de los meses que llevo encerrada. Salí de la cama muy tarde,para que el día fuese mas corto.

Después de un café y un par de galletas me quedé un largo rato en mi sillón, también sin hacer nada, hasta que finalmente un sueño salvador se apiadó de mi tristeza y me llevó de paseo por eventos extraños y sinsentido como los buenos sueños deben ser.

En esto de los sueños, cada quien tiene su propio estilo, yo a veces camino en el filo de una barda, donde una jauría de perros brincan para alcanzarme. Y entonces abro los brazos y empujo el aire hacia abajo y me elevo. Vuelo a veces demasiado alto, pero siempre me las arreglo para aterrizar.

Otro que se repite es cuando trato de cruzar una feria de juegos mecánicos, la rueda de la fortuna, la krakatoa, la montaña rusa, las canastas,etc. Calculo los tiempos exactos y avanzo con pericia evadiendo los carritos que suben, cruzan y bajan. Y yo los toreo. Olé! Nunca me ha embestido ninguno!

Ahora sueño con más peligro! que me duele la cabeza y la garganta!

Mañana será mejor!

Me voy a la cama, solo espero no tener que enfrentar, en vez de carritos y sillas voladoras de feria, bolas gigantes verdes con picos donde antes estaban las cabezas del martillo.

Prefieres escucharlo?

Puntuación: 5 de 5.

La pausa desde mi ventana.

Asomo mi cabeza por la ventana, despacio busco el viento puro y fresco de esta noche, el miedo de que traiga algún lamento está en mi mente. Pero no, aunque el silencio es mucho peor. Los lamentos son de quienes viven, el silencio de quienes partieron.

Es Mayo, pero no estoy segura, los días y las noches ahora pasan con prisa como cuando con los dedos tuerces el remate de un libro y se resbalan las hojas que no sirven hasta encontrar la buena que aún no llega y en todo esto, me he perdido en mis pensamientos de nostalgia e incertidumbre, tratando de imaginar un futuro para todos.

Los recuerdos los evito, no me sirven por ahora, son los tiempos en que los hombres se reinventan.

Que bueno es tener una ventana, asomar mi cabeza y despeinarla. Estoy bien entonces!

Escribo por mi y por quienes sobrevivían cada día, y ya no están, para quienes se pensaban invencibles y también se han ido. Y para los que nos quedamos a recomenzar.

Si tan solo tuviera al Dios de los hombres quizá podría escucharlo cuando saco la cabeza por mi ventana. Y no tendría miedo del silencio nunca más.

AG

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Puntuación: 5 de 5.

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