Las noches de las cosas rotas

Sigilosas, enviciadas llegan prontas por la noche.

El montón de cosas rotas que deambulan por el techo, suben, bajan, bailan rueda sobre mí.

Se buscan y se enfrentan, en batalla de armaduras o de puños.

Yo quisiera que se fueran y poder dormir en paz.

Mis amores ofendidos, mis abandonados, mis egos, los tiempos en vano, lo callado y lo que no supe contener, eso, principalmente.

Malosas, verdugos, cascajos del pasado, de rojo y de blanco, amargas y con sal.

Entre ellas se pelean, ¿Cuál importa? ¿Cuál? Ya no.

Siempre vuelven y siempre huyen muy temprano con el sol.

Las cosas rotas del pasado, que compongo en mi cabeza.

Tramposas, mis tormentos, mis fantasmas. A veces quedamos en paz, tranquila me acuesto pensando… ya no más.

Con la culpa encima

Hoy te vas

Te vas con prisa y la culpa encima.

Te vas, porque no cabes en mi, gigante.

Mas no te olvides, fuí yo quién te creció dentro de mi.

Y te vas con mis manos que se arrancan, piel y carne que no pudieron separarse.

Con la vida que soñé.

El veneno de tus besos aún me enferma por las noches. Esas que un día entre gemidos y vaivén te dediqué.

Yo te hice a ti, gigante.

Mío, por completo cuando entre mis muslos te saciaste tantas veces.

Animal salvaje que se aleja mal herido del amor. Que hiciste de todo lo que dí?

¿Cómo vives con mis risas que te siguen?

Con la culpa.

llévate las manos, la piel y carne de tu amante, gigante.

Yo, lo recupero todo, mis  manos, mi piel y mi carne, mi tiempo y mi alegría, nunca lo dudes, llévate entonces también la culpa.

Así crezco yo, así me hago mujer, con mis manos y mis carnes nuevas, y mis sueños frescos que me deja cada adiós.

Adriana Guerrero

Puebla, Pue. Octubre 11 de 2018