Gris

Intenté llenar ese vacío de tu vida sin sentido y sin fervor.

De tu ser gris.

De tu rabia.

De tu desamor.

Trate de rescatar el instante bueno que aparece y de inmediato has de destruir.

En que momento decidiste ser tan infeliz? Porque no puedes amar?

Y ahí, en tu negrura, un mañana de colores me puse a dibujar.

Tu tan ciego. Las maravillas que a mis ojos embriagaban y que no te pude compartir.

Quise mitigar la furia de las culpas por lo que perdiste y la verguenza por las batallas que escogiste no luchar.

Los amores que no pudiste amar.

Al camino perdido, no podras volver, el tiempo implacable y la borrasca lo ha cubierto para bien.

Del tiro de gracia, tengo la bala en mi corazón tal y cuál un noble perdedor.

Besos malévolos de piedad y desamor.

Lo tienes todo y nada. Te deshiciste de lo único que importaba.

Las noches de las cosas rotas

Sigilosas, enviciadas llegan prontas por la noche.

El montón de cosas rotas que deambulan por el techo, suben, bajan, bailan rueda sobre mí.

Se buscan y se enfrentan, en batalla de armaduras o de puños.

Yo quisiera que se fueran y poder dormir en paz.

Mis amores ofendidos, mis abandonados, mis egos, los tiempos en vano, lo callado y lo que no supe contener, eso, principalmente.

Malosas, verdugos, cascajos del pasado, de rojo y de blanco, amargas y con sal.

Entre ellas se pelean, ¿Cuál importa? ¿Cuál? Ya no.

Siempre vuelven y siempre huyen muy temprano con el sol.

Las cosas rotas del pasado, que compongo en mi cabeza.

Tramposas, mis tormentos, mis fantasmas. A veces quedamos en paz, tranquila me acuesto pensando… ya no más.

Duelo de amor.

Piso, sueno los tacones, brinco los charcos y descubro cada uno de mis pies, uno se adelanta al otro y los dos quieren ganar.

Al rededor todo se detiene de repente.

Llevo la cabellera larga, un escote sin recato, una risa de pecado y un descaro sin su dueño.

Y con mis ojos en bel canto, la codicia de mujer, te llamo, te invito, a la fiesta del amor.

No habrá tregua es un duelo hasta el final. Tú me tomas, yo te sigo, vivo es este sueño.

Y, por un momento… Los límites se desvanecieron en tenues líneas que se pierden sin pudor.

Sesgados los cuerpos de los contendientes, amantes por ahora, hace minutos, extraños entre sí.

Fieras que se devoran. ¿Qué es lo mío o lo tuyo? No se sabe donde empiezo o donde acabo.

No podrás librarte del anhelo de la hartura del manjar que yo te di.

Enredo delirante, la borrasca de un espacio sin control.

Besos de bruja, cadencias, ceños y muecas, enredos sin desenredar.

¿Y quién sabe si podremos gobernarnos? O vivir cuales presos de un fervor.

Y quien sabe a cuantos otros dañaremos con excusas eternamente sin perdón.

Herida de muerte, te miro y me rio, me duermo pensando: “Seguro que no regreso jamás”.

Porque finalmente también somos lo que no nos perdonamos.

Con la esperanza de silenciar la cruel palabra dada y con la esperanza también de entregar el corazón que nos llevamos sin haber vaciado… caminamos.

La carga entre los hombros se ha inventado un rito encarnizado.

Profundas pisadas, lentos los pasos.

Y Dios, que no aparece por ningún lado.

Verde y viva la memoria del destinatario que quedo esperando.

Ese corazón que pesa que tulle y que llevo ya putrefacto.

Lentos los pasos del caminante.

El juez, que es el andante mismo, y el verdugo también, con el corazón impío, Profundas pisadas, lentos los pasos.

La carga con sus ritos y ese Dios que no aparece por ningún lado.

Y al final, en el camino, seremos, por las palabras no silenciadas, y los corazones que no entregamos, finalmente… lo que no nos perdonamos.

AG

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Cinema Paradiso

Puntuación: 5 de 5.

Somos piedras con sus corazoncitos por dentro.

Somos lo que enfrentamos.
 
Esculpidos y deformados por el torrente de este gran río, cuya finalidad, no es como muchos piensan, encontrar la mar, ahí sólo descansa.
 
Somos también el río, que transforma todo aquello que se cruza en el camino.
Ese es el fin, su regocijo, el camino, el medio, el acto de creación, no la desembocadura.
 
La adversidad es tan grande como le permitamos que nos deforme.

La adversidad es la corriente del río moldeando la piedra  y es a veces la piedra que a la corriente rompe en dos y desvía.

Somos una piedra del río que anda, que grita, que canta y que guarda un corazón.

 

Somos parte del camino, el barro y el escultor, todo es uno mismo.
 
 
El mar también y su desembocadura.
 
La mano del niño que avienta la piedra y el que la recibe.
 
Somos todos piedritas con sus corazoncitos por dentro.

 

Toma mis enredos

 

Tus manos son a tus palabras lo que mis ojos a mi sentir.

Toma entre tus manos mi sentir, y perfila mis labios con sus dedos .

Toma mis enredos, mis lagrimas del pasado y con la fuerza de tu amor desmorona uno a uno, hasta que la luz de un milagroso fervor resurja de mi ser dormido.

Solo entre tus manos puedo ser feliz.

Arrastra con ellas de mis pechos el ansia que me consume y deja que yo sonría como al despertar de un letargo, o de la bruma que un mal tiempo levantó.

Mis ojos me los quedo. Son testigos del milagro.

No digas nada, recuerda que tus manos hablan las cosas del amor y mis ojos cuanto te quiero.

Adriana Guerrero