Con la culpa encima

Hoy te vas

Te vas con prisa y la culpa encima.

Te vas, porque no cabes en mi, gigante.

Mas no te olvides, fuí yo quién te creció dentro de mi.

Y te vas con mis manos que se arrancan, piel y carne que no pudieron separarse.

Con la vida que soñé.

El veneno de tus besos eternos aún me enferma por las noches. Esas que un día entre gemidos y vaivén te dediqué.

Y te hice un gigante

Y fuiste mio, por completo tu también, entre mis muslos te saciaste hasta el cansancio.

Animal salvaje que se aleja mal herido del amor. Que hiciste de todo lo que dí?

Cómo vives con mis quejidos y mis risas que dejaste?

Con la culpa.

llévate las manos, la piel y carne de tu amante, gigante.

Yo, lo recupero todo, mis  manos, mi piel y mi carne, mi tiempo y mi alegría, nunca lo dudes, llévate entonces también la culpa, las sábanas que no secaron nunca mas.

Recupero también las noches que pasé, con alguien mas. No importa con quién sea, no importa nada ya .

Así crezco yo, así me hago mujer, con mis manos y mis carnes nuevas, y mis sueños frescos que me deja cada adiós.

Adriana Guerrero

Puebla, Pue. Octubre 11 de 2018

 

 

 

Porque finalmente también somos lo que no nos perdonamos.

Con la esperanza de silenciar la cruel palabra dada y con la esperanza también de entregar el corazón que nos llevamos sin haber vaciado.

La carga entre los hombros se ha inventado un rito encarnizado.

Profundas pisadas.

Y Dios no aparece por ningún lado.

Verde y viva la memoria del destinatario que quedo esperando.

Ese corazón que pesa y que llevo ya putrefacto.

lentos los pasos.

El juez que es el andante mismo, con el corazón impío, la carga con sus ritos y ese Dios que no aparece.

Y en el camino seremos, por las palabras no silenciadas, y los corazones que no entregamos, finalmente…. lo que no nos perdonamos.

AG

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Cinema Paradiso

Puntuación: 5 de 5.

Somos piedras con sus corazoncitos por dentro.

Somos lo que enfrentamos.
 
Esculpidos y deformados por el torrente de este gran río, cuya finalidad, no es como muchos piensan, encontrar la mar, ahí sólo descansa.
 
Somos también el río, que transforma todo aquello que se cruza en el camino.
Ese es el fin, su regocijo, el camino, el medio, el acto de creación, no la desembocadura.
 
La adversidad es tan grande como le permitamos que nos deforme.

La adversidad es la corriente del río moldeando la piedra  y es a veces la piedra que a la corriente rompe en dos y desvía.

Somos una piedra del río que anda, que grita, que canta y que guarda un corazón.

 

Somos parte del camino, el barro y el escultor, todo es uno mismo.
 
 
El mar también y su desembocadura.
 
La mano del niño que avienta la piedra y el que la recibe.
 
Somos todos piedritas con sus corazoncitos por dentro.