Para cuando no estés.


Si algún día ya no estas, quiero que sepas que te amé, no con ternura sino con garra voraz, la de las almas inquietas, la de los seres libres, la de quienes se entregan sin guardarse nada y sin preguntar, la de quienes viven y mueren cada mañana, Así sin ternura te amé.

Quiero que lo sepas, en tus ojos claros de belleza y de paz, descansaba mis penas y reconstruía mis sueños.

Y por las noches era tu pecho de hombre y de amante, donde la mujer que fui desparramaba su sonrisa de éxtasis y plenitud.

Quiero que lo sepas, nadie vivirá en ti jamás la garra voraz. Y esa vida será la que falte cuando te hayas ido de nuevo.

Agosto 2018

Adriana Guerrero

2018 Paris

Con la culpa encima

Hoy te vas

Te vas con prisa y la culpa encima.

Te vas, porque no cabes en mi, gigante.

Mas no te olvides, fuí yo quién te creció dentro de mi.

Y te vas con mis manos que se arrancan, piel y carne que no pudieron separarse.

Con la vida que soñé.

llévate las manos, la piel y carne de tu amante, gigante.

Yo, lo recupero todo, mis  manos, mi piel y mi carne, mi tiempo y mi alegría, nunca lo dudes, llévate entonces también la culpa.

Así crezco yo, así me hago mujer, con mis manos y mis carnes nuevas, y mis sueños frescos que me deja cada adiós.

Adriana Guerrero

Puebla, Pue. Octubre 11 de 2018

 

 

 

Tyronmex

Luis y Elvira Zarate (mi Viejo y mi Vito)

Tyronmex y Vito

Mi abuelo tenía las manos martirizadas, fueron muchos los años de batalla contra la masa que da la última pelea antes de llegar al horno que la convertirá en cualquier variedad de deliciosos bizcochitos mexicanos, todo depende de que tan buena haya sido en su vida pasada,  las posibilidades son muchas,  desde unos míseros bigotes, pasando por los cubiletes y las campechanas hasta finalmente si el mérito es tal… su majestad…La Concha.

Sí, mi abuelo tenía las manos martirizadas y un poquito el alma, la de un niño que quedó huérfano de padre desde muy pequeño y tuvo que dejar la primaria para entrar al amasijo de la panadería de su tío y así poder llevar la carga de una madre  y una hermana, compartida entre los hombros junto con el cesto gigante de pan fresco tambaleando sobre su cabeza todas las tardes.

Fue así un día sin importancia que conoció a la rubia con cachetes de polvorones cachispeados de colores y boquita de manzana caramelizada, la señorita Elvira Flores que nomas  bastó verlo para que se propusiera como de vida o muerte conquistar el amor de quien según ella,  era la versión de Tyrone Powel en mexicano y por supuesto mejorado.  De ahí que mi personaje se llame Tyronmex.

La señorita que por su parte venía de pasar los primeros años de su vida al cuidado de las monjitas, no paró hasta conquistar por completo al artista de cine de sus sueños.

Durante sus años  de claustro,  había desarrollado la rebeldía necesaria para contradecir a su familia y otras raras manías como las de bañarse con el agua helada, que por cierto,  sin saberlo,  le mantuvo el pellejo bien pegadito al hueso. El encierro con las monjas le marcó un indescriptible afán por vivir la vida, siempre con alegría, agradeciendo cada segundo que no tendría que pasar más en el convento y que contagiaba a todos aquellos que se la topaban más o menos como los zombis que muerden a los buenos en las películas.

La rubia empecinada se las arreglaba como fuera para con el pretexto de visitar a su amiga Aurorita, llegar al estanquillo de la esquina, justo al momento de la llegada triunfante del equilibrista! y con una mirada de dos puños de piedad y ocho de codicia, atrapó de una, sin dejar siquiera que la levadura haga lo suyo, el corazón y el todo del joven Luis Zárate  (su viejo) y para nosotros en adelante Tyronmex.

Mi abuela se llamaba Vito (al menos para mí y creo que para ella también) Es la figura más cálida y alegre de mis primeros años. Como quisiera verla de nuevo, y a mi viejo también, para apretarle las mejillas coloreadas y pedirle de nuevo el cuento de almendrita.

Tyronmex
Tyronmex

Puntuación: 1 de 5.
Escucha la historia de Tyronmex y Vito.

Somos piedras con sus corazoncitos por dentro.

Somos lo que enfrentamos.
 
Esculpidos y deformados por el torrente de este gran río, cuya finalidad, no es como muchos piensan, encontrar la mar, ahí sólo descansa.
 
Somos también el río, que transforma todo aquello que se cruza en el camino.
Ese es el fin, su regocijo, el camino, el medio, el acto de creación, no la desembocadura.
 
La adversidad es tan grande como le permitamos que nos deforme.

La adversidad es la corriente del río moldeando la piedra  y es a veces la piedra que a la corriente rompe en dos y desvía.

Somos una piedra del río que anda, que grita, que canta y que guarda un corazón.

 

Somos parte del camino, el barro y el escultor, todo es uno mismo.
 
 
El mar también y su desembocadura.
 
La mano del niño que avienta la piedra y el que la recibe.
 
Somos todos piedritas con sus corazoncitos por dentro.